En clase hemos estado hablando de la palabra 'death' en Inglés y surgió la pregunta de cómo imaginábamos la muerte. Algunos decían que era algo abstracto y que para ellos no se trataba de ninguna personificación, para otros era un esqueleto con una hoz en la mano y una bata larga. El caso es que para la mayoría se trata de un esqueleto, lo cual significaría que la muerte fue en algún tiempo anterior un ser humano, el requisito indispensable para posteriormente convertirse en esqueleto. ¿Qué fue lo que convirtió a ese ser humano de antaño en la vulgarmente llamada 'pelona' que viene a buscarnos en momento y hora señalado? ¿Cómo consiguió ese trabajo? También llama la atención que muchos la imaginamos en femenino, alta en estatura y con delgados huesos, pero mujer... ¿será porque todos los malos conceptos los tenemos asociados en nuestra cultura a la condición femenina?. Yo particularmente pienso que la muerte es simplemente un paso que nos conduce a otra realidad, a otro plano de existencia donde perduramos de alguna otra manera sin conciencia de lo que somos. Cuando nos preguntamos dónde estábamos antes de venir a este mundo, nos resulta muy extraño pensar que simplemente estamos aquí ahora y que ni fuimos ni seremos nada más. La existencia es muy diminuta en relación con la grandeza de nuestro universo. Nos lamentamos por la muerte de un ser querido que nos ha dejado quizás antes de tiempo, y no nos damos cuenta de que quizás hayamos dado también el último adios a tantas otras personas que conocemos y que vimos ayer, saludamos amablemente, intercambiamos unas palabras con ellos y que puede que nunca más volvamos a ver. Ya hace mucho tiempo descubrí que la vida está entretejida de holas y adioses. La distancia que media entre la muerte de nuestros allegados y la nuestra es mínima, un puñado de años escasos, por lo que nuestra reunión formando parte de otra sustancia será prácticamente inmediata. Tal vez por ello al transcurrir los años el tiempo adquiere una nueva dimensión y pasa a estar hecho de otra sustancia más fluida. Se nos pasan los días y los años sin darnos cuenta, tal vez para prepararnos para esa otra experiencia venidera donde el tiempo como lo entendíamos en nuestra niñez no existe, sino que todo goza simplemente de una total inmediatez. Cuando contemplamos un cadaver, apreciamos un maniquí, un muñeco que se asemeja a alguien que conocimos pero que ya no tiene lo más importante: el aliento vital... eso que físicamente pesa unos gramos, lo cual demuestra que algo sale del cuerpo y se pierde en el ambiente. También están las historias de todos aquellos que cruzaron la línea y por algún motivo lograron regresar... todos ellos han perdido el miedo a la muerte, hablan de una profunda paz, de una intensa claridad, de un no querer volver.
Estamos todos en cola para embarcar en tan intrigante viaje, pero no sabemos en qué número de la cola estamos y cuándo va a ser el momento en que nos van a llamar a bordo. Me acuerdo de la parábola de las vírgenes que esperaban a su señor en cualquier momento y tenían que mantener sus lámparas de aceite encendidas y no dormirse para estar listas cuando él viniera. Recuerdo cómo me impresionaba la historia por su no-saber, por la constante sorpresa y vigilia. Así, la pelona puede venir a buscarnos en cualquier momento, en cualquier parte, quizá para invitarnos a entrar en una gran fiesta, para darnos un respiro a tanto sufrimiento propio y ajeno, para que definitivamente nos desprendamos de lo superfluo y pasemos a ser lo que realmente somos... ¿aire?
Estamos todos en cola para embarcar en tan intrigante viaje, pero no sabemos en qué número de la cola estamos y cuándo va a ser el momento en que nos van a llamar a bordo. Me acuerdo de la parábola de las vírgenes que esperaban a su señor en cualquier momento y tenían que mantener sus lámparas de aceite encendidas y no dormirse para estar listas cuando él viniera. Recuerdo cómo me impresionaba la historia por su no-saber, por la constante sorpresa y vigilia. Así, la pelona puede venir a buscarnos en cualquier momento, en cualquier parte, quizá para invitarnos a entrar en una gran fiesta, para darnos un respiro a tanto sufrimiento propio y ajeno, para que definitivamente nos desprendamos de lo superfluo y pasemos a ser lo que realmente somos... ¿aire?
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