viernes, 7 de diciembre de 2007

El tiempo



Cuando terminé mis estudios en el colegio me dí cuenta de que finalizaba una etapa de mi vida, había pasado un tiempo que nunca volvería a vivir, lo cuál me llenaba de zozobra. Me sentía mal, impotente ante el paso inclemente del tiempo y sin poder hacer nada para recobrarlo y volverlo a revivir. Quizás era a causa del miedo que me producía entonces enfrentarme a las sorpresas que la vida me tenía preparada, a tenerme que responsabilizar de las decisiones propias de mi vida de adulta a partir de entonces. El caso es que me negué a visitar el colegio por el sentimiento de frustración que me producía pensar que nada de lo que había sucedido allí volvería nunca a suceder. Me sentía incapaz de caminar por los pasillos del edificio oyendo en mi memoria las voces de otros tiempos y viendo imágenes que ya no estaban. Luego, cuando personas importantes de mi vida me abandonaron para siempre, me pasaba largas horas sin poder pegar ojo aterrorizada por la larga ausencia que tendría que vivir, por la larga añoranza de aquellos tiempos en que todo estaba bien. Poco a poco he ido asumiendo mi impotencia con respecto al tema. He ido viendo que el tiempo es una parte importante de esta vida y que se es más feliz aceptando la vida tal y como es. Ya he podido visitar el colegio y sé que pronto me reuniré con los que se fueron. Sí, pronto, porque nuestro tiempo en relación con la infinitud del espacio no es más que un fugaz destello dentro de la inmensidad.


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