
Dicen que el fútbol es un deporte en el que once jugadores juegan contra otros once jugadores y siempre ganan los alemanes... es verdad que los germanos luchan cada balón y nunca pierden cara al partido, siguen y siguen adelante hasta que el árbitro pita el final del encuentro. Todo esto se podría discutir, pero lo que no admite lugar a dudas es el hecho de que este deporte levanta pasiones.
Cuando yo era pequeña, mis hermanos y mi padre se instalaban enfrente del televisor para ver los partidos, preparaban algo para picar y se ponían las bebidas. Yo, los miraba intrigada para intentar comprender lo que experimentaban. Veía que lo pasaban en grande, chillaban, reían... y decidí integrarme: comencé a tomar parte en dichos encuentros, preguntando mucho al principio y recibiendo respuestas de condescendencia... hasta que fuí entendiendo, disfrutando y vibrando con el juego.
Hoy en día, yo me describiría como futbolera... mi equipo es el Tenerife y sueño con el día en que volvamos a la Primera División. El fútbol me permite desahogarme cada semana en el campo o frente al televisor, gritar, emocionarme... es un juego mágico en el que se puede sentir la inteligencia de un determinado jugador, la belleza de un pase, la perfecta ejecución de un gol...
Paralelamente se ha desarrollado todo un mundo de marketing que ha trasnsformado el deporte puro en un negocio. Pero, aún así, a mí me sigue apasionando.
¿Cuál será el secreto de este deporte mágico?

