En medio del Pacífico, al norte de Australia, hay una isla diminuta que acapara todos los superlativos imaginables. A simple vista parecería una isla idílica donde perderse por unos días y descansar así de esta vida frenética que llevamos. Sin embargo, la realidad es bien distinta.
Descubierta por los ingleses que la apelaron The Pleasant Island (La Isla Agradable) por la belleza del paisaje y la dulzura de sus gentes, en 1888 los alemanes pasaron a controlar la isla y a partir de 1968 obtuvo la independencia que la convirtió en la República más pequeña del mundo.
A finales del siglo XIX descubrieron en su suelo una gran masa de guano (fosfatos) que constituían una gran riqueza y lo que parecía un sueño maravilloso se convirtió con el tiempo en la peor de las pesadillas. Lo cual viene a demostrar a las claras que las cosas rara vez son lo que parecen.
El dinero procedente de la exportación de guano a la próxima Australia generó pingües beneficios que se repartían semanalmente entre los escasos habitantes de la isla (12,000), lo cual les llevó a vivir una vida de lujos y dispendios y a descuidar cualquier tipo de interés por la cultura y el saber, sabedores de que nunca les faltaría nada si seguían viviendo en la isla.
Trabajadores procedentes de China cavaban en las minas mientras los obesos habitantes (los más obesos del planeta) se paseaban en jeeps borrachos por la única carretera o viajaban en jets privados a Australia y a Fidji.
Pero el sueño terminó, el guano se agotó y la isla, con una herida mortal, que cubre el 85% de la superficie de la isla, no tiene medios para seguir adelante. La población se agolpa por las mañanas en los edificios gubernamentales a la espera de conseguir algunos dólares para comprar arroz. Su presidente y todos los funcionarios son los más pobres del mundo y ganan 60 libras cada quince días.
El fín de un sueño de ambiciones y avaricia. Esto ocurre cuando no tenemos en cuenta las consecuencias de nuestras acciones, dirigidas únicamente hacia la satisfacción del propio interés.
¿Nos pasará a nosotros lo mismo? o ¿ésto sólo ocurre en la remota isla de Nauru?

5 comentarios:
¡Hola Ali! Una historia magnífica.
No sé si en la isla de Nauru alguien llegó a prever las posibles consecuencias de ese modo de vida. Tal vez nadie fuera consciente del trágico futuro al que iban encaminados hasa que se vieron inmersos en él. ¿Podríamos deducir entonces que los habitantes de Nauru se encontrarían hoy en una situación bien distinta de haber sido conscientes del agotamiento de sus recursos? Lo lógico sería pensar que sí, pero... Volvamos a nuestra isla, por ejemplo. Las islas son territorios especialmente frágiles. Tanto el espacio como los recursos son muy limitados. Lo sabemos, por supuesto. Pero, aún así, seguimos actuando como si tales recursos fuesen inagotables. El probñema no es, por lo tanto, el no saber a dónde vamos. El problema radica más bien en cuánto tiempo estimamos que tardaremos en llegar ahí. Cuando oímos hablar del agotamiento de nuestros recursos pensamos en un problema a largo plazo, no lo vivimos como un problñema "nuestro", porque no sentimos que nuestra vida cotidiana pueda verse afectada en modo alguno por ello, o, al menos, no de una manera importante. Por otra parte, nos mueve el propio interés: la satisfacción rápida y con el menor esfuerzo posible de nuestros deseos inmediatos. ¿Aún a costa de agotar nuestros recursos? Sí, puesto que no sentimos realmente que ésto vaya a ocasionarnos ningún problema. Tal vez sí a las generaciones venideras... pero ése ya no será nuestro problema. El caso de Nauru es especial por el breve espacio de tiempo en el que todo ocurrió, apenas 20 años, de manera que los mismos que gozaron de la abundancia de recursos son los que tuvieron que sufrir luego la escasez de los mismos. Esta brevedad hace que esta historia parezca un cuento: "Érase una vez una isla en la que todos eran felices", un cuento con moraleja y sin final feliz, y tremendamente ilustrativo porque contemplar lo que sucedió en Nauru es como ver "a cámara rápida" lo que actualmente puede estar ocurriendo en tantos otros lugares...
Gracias Mónica por tu paciente aportaciòn al tema, tanto en esta página como en la de clase. De verdad que esta historia me ha impactado!! un abrazo
Buenisimo, sería criterioso "poner las barbas en remojo no???
Tal vez no porque hay cietos humanos que se siente superiores y creen poseer todas las respuestas, sin pensar que todo tiene sus ciclos.
Cariños
Es verdad Abu que deberíamos poner nuestras barbas a remojar... aunque, conociendo a nuestra especie, esperaremos a que sea demasiado tarde para 'rasgarnos las vestiduras'. Un abrazo
La historia de Nauru Island, tiene moraleja.
Amiga los dirigente que manejan el dinero, mientras lo tienen, no creas que sus previsiones van más allá de su egoísmo, lo veo en ocasiones de cerca.
Feliz Navidad!!! que lo pases con alegría, con amor y con amistad.
bss
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