lunes, 26 de mayo de 2008

Bonitas palabras



Tengo la impresión de que a casi todos nos gusta el chocolate y también creo que nos gusta la palabra 'chocolate'. Es una palabra sonora y dulce de delicioso olor. Expresa algo que puede ser sólido o líquido y que se puede acompañar con infinidad de cosas. Cualquier menú que contenga la palabra tiene todas las garantías de éxito. Lo mismo ocurre con otras palabras, como 'caramelizado' que hacen triunfar a cualquier plato.
En nuestra vida normal hay palabras muy bonitas que cuando nos detenemos en ellas y las contemplamos desde un cierto punto de vista nos devuelven un aspecto nunca antes visto.
¿Os pasa lo mismo a vosotros? que a veces os quedáis detenidos ante la belleza de un vocablo. ¿cuáles son las palabras que os gustan?

viernes, 23 de mayo de 2008

Las parejas


El sábado pasado por la noche mi marido y yo fuimos de al Puerto de la Cruz, una ciudad turística en el norte de Tenerife, a cenar en un restaurante italiano y luego aprovechamos para pasear tranquilamente por las callejuelas del centro de la ciudad. Había un buen ambiente, una gran cantidad de turistas felices disfrutando de sus merecidas vacaciones. La temperatura era muy agradable y todo parecía en orden.

Sin embargo, al observar a las parejas jóvenes que estaban sentadas en las terrazas me dí cuenta de que no parecían muy felices. Estaban allí sentados cada uno en su mundo sin, aparentemente, compartir la ilusión por una vida juntos, por vibrar en la misma frecuencia. Más bien se diría que estaban en competencia, tratando de medirse con el otro en lugar de obtener un beneficio mutuo. ¿qué les pasa a nuestros jóvenes? ¿Por qué esa tristeza y ese decaimiento? ¿será que están de vuelta de todo?

viernes, 9 de mayo de 2008

Blogging

Nunca imaginé que me fuera a convertir en una bloggera convencida. Llevo años sintiendo la necesidad de lanzarme a escibir, algo en mi interior me pedía que por favor atendiese a la urgencia de mi alma por encontrar una forma de expresión que la descargara de cierta presión, pero me resistía con la fuerza con que nos agarramos a la roca cuando la corriente trata de hacernos rodar cuesta abajo.
Abrí mi primer blog y empecé a escribir. Trataba de encubrirme en las sombras que me proporcionaba una identidad oculta bajo un pseudónimo. Escribía y nadie leía mis relatos, pero yo seguía escribiendo. Poco a poco fuí perdiendo el pudor y me atreví a revelar mi secreto a algunos de mis hermanos que se empezaron a interesar en el tema. Luego me enteré de que uno de ellos le había fotocopiado las historias a mi madre que nunca me ha dicho nada al respecto. Ahora muchos leen mis historias, no sólo mis hermanos sino también amigos que han conseguido la dirección.
Por último me he expandido internacionalmente y he entrado en contacto con gente de otros países. Es fantástico sentarte ante el ordenador y leer tantas cosas en otros blogs que nos aportan infinidad de nuevos conocimientos.
Me gusta ser bloggera e invito a todos a que se animen a vivir esta experiencia maravillosa que hace que salga de nuestro interior lo mejor de nosotros y nos introduce en una via de autoconocimiento y de crecimiento interior.
¡Soy bloggera!

lunes, 5 de mayo de 2008

Más sobre el tiempo



Hoy celebraba su cumpleaños una colega en el trabajo y ha dado la casualidad de que cumplía los mismos años que yo, 51. Por lo tanto, nos hemos puesto a hablar de lo rápido que pasa el tiempo y de ese fenómeno tantas veces comentado de que a medida que pasan los años, los días y los meses aceleran el paso y saltamos de uno a otro sin ni siquiera darnos cuenta. Esta persona me preguntaba el por qué de esa prisa del tiempo por pasar de largo y dejarnos con cara de tontos sin poderle dirigir ni siquiera la palabra. Recordamos que cuando éramos niños, un minuto podía durar eternamente y, de hecho, cuando teníamos que estar sentados más de un cuarto de hora en algún sitio era imposible impedir que nuestras piernas se pusieran en movimiento y nos levantaran de nuestro asiento. Teníamos todo el tiempo por delante, pensamos ahora, pero entonces no nos planteábamos qué tiempo era el que nos quedaba. Estábamos simplemente ahí y vivíamos intensamente el momento presente ajenos a todo lo que fuera el ayer o a lo que el mañana nos pudiera traer. Estábamos entonces despiertos y sentíamos una tremenda curiosidad por averiguar cómo funcionaba el mundo y cómo podíamos interpretar lo que sentíamos y experimentábamos por primera vez. Lo queríamos probar todo.
Quizás ahora estemos un poco de vuelta de todo o tal vez hemos perdido aquella mirada del mundo que nos hacía inmortales. Nos hemos vuelto mortales y cada vez nos reconciliamos más con la idea de nuestro propio final.

domingo, 4 de mayo de 2008

El tabaco

Hace dos años exactamente que dejé de fumar. Fumaba un paquete de cigarrillos diario, o sea veinte cigarrillos mínimo al día. La primera vez que fumé lo hice en los jardines de un colegio en Inglaterra con un grupo de alumnas y a escondidas. Eran cigarrillos mentolados que hacían que el sabor del tabaco no fuera tan desagradable. Seguí haciéndolo como moda, para estar admitida dentro de los grupos a los que quería pertenecer.
Durante los primeros años no fumaba mucho, e incluso no compraba cigarrillos, sino que pedía una calada a mis amigas cuando fumaban. Por eso, en una ocasión, mi amiga Loli me puso un petardo en uno de sus cigarrillos y cuando le pedí una calada me lo dió y me explotó. El problema no fue muy grave, pues la carga explosiva era leve, lo único era que estábamos en clase en la universidad y,claro, todo el mundo se volvió a mirarnos.
Entonces se podía fumar en todas partes: en los hospitales, en clase, en la universidad... recuerdo incluso dar clase con el cigarrillo en la mano en los primeros años de mi vida profesional.
La verdad es que fumar me acompañaba bastante, me ayudaba a digerir mejor los disgustos y a resolver los problemas y ya que no bebía no me quedaba otro vicio que ese.
Al ir acercándome a los cincuenta me empecé a plantear que aquello no era bueno, que debería dejarlo, que el cáncer de pulmón me estaba esperando divertido al final de la calle... también contaba con la experiencia de mi padre que lo dejó en su momento de cuajo: sin parches, ni acupuntura, ni chicles, ni nada... para no volver nunca jamás, aunque reconociera que todavía le entraban ganas de fumarse un cigarro al vernos a nosotros.
Pero lo que quiero decir aquí es lo que me impulsó a dejarlo definitivamente. Me dí cuenta de que los que fumábamos estábamos desplegando un ataque contra nosotros mismos, que algo no funcionaba bien, que nos queríamos castigar por las culpas que sentíamos por algo... Ansiaba estar en el otro grupo de personas: las que no se castigan, las que no viven en la culpa, las que se sienten merecedoras de las cosas buenas que les suceden.
Y, como una marioneta impulsada por un poder superior, lo hice. No fuí yo, a mí alguna fuerza superior me apartó del vicio dándome una nueva oportunidad. Fue fácil. Tan fácil que ahora mi cabeza no comprende a la gente que aspira el humo con toda la fuerza de sus pulmones para hacerse pagar un castigo por algo que probablemente no cometieron.
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