martes, 25 de agosto de 2009

¡Qué cursilada!

'Para gustos... colores' reza el conocido refrán que enunciamos para resignarnos cuando el de al lado se atreve a lucir algo que nos espanta sin darse cuenta, el muy lelo, de que es ¡horroroso!. Y es verdad, los colores, esos maravillosos adjetivos, tienen tal variedad que logran reflejar el sentir de infinidad de mentes y sensibilidades.
Lo único raro en todo esto es el hecho de que observemos el gusto del otro desde nuestra perspectiva, con la soberbia de permitirnos juzgar su elección desde una posición privilegiada. Él se equivoca, ¡no tiene gusto ninguno! ¡Nosotros sí!
Pero ¿qué es eso del gusto? Desde luego no es algo inamovible como prueban las modas que nos cambian las prendas de vestir a su antojo, haciéndonos sentir guapos sólamente cuando nuestra ropa refleja la tendencia dominante en el momento. Nos gustamos cuando vamos a la última y nos burlamos de los que no se adaptan.
Por otro lado, las cosas que nos gustaban de niños, todos aquellos colores chillones que adornaron nuestros primeros dibujos, se han ido difuminando y agrisando a lo largo de nuestra vida. ¿Hemos perdido espontaneidad? Ya no nos atrevemos a admitir que nos gusta lo que en realidad nos gusta.
Todos esos adornos de los restaurantes chinos repletos de figuras de budas panzudos, osos panda, flores melosas, cascadas y carpas un tanto kitsch, en realidad reflejan la sensibilidad de un pueblo con raíces milenarias.
Lo sensato sería permanecer libre: no juzgar algo como de buen o mal gusto hasta no haberlo mirado con detenimiento tratando de percibir desde nuestra sensibilidad la de aquel otro que se deleita con lo que para nosotros es una 'cursilada'... quizás así aprenderíamos a vernos unos a otros de verdad.

lunes, 17 de agosto de 2009

Este blog reanudará la actividad en breve


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